Quiero que se queden atrás las tardes frías del invierno. Poco a poco, que lentamente las horas de luz den más calor a nuestros días, los alarguen, los extiendan como si fuesen grandes tentáculos de segundos, de minutos, de tiempo.
Cuando lleguen esos instantes, se colmen de silencios,
acallando los ruidos jaleosos de la vida, donde llegue la calma. Esa plenitud
que sea la llave que abra la puerta a nuestras inquietudes, a nuestros
sosiegos, alejándonos del frío, poniendo la distancia a nuestras tempestades.

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