Eco de mí
En la mirada de un sumo
sacerdote,
reflejando un misterio sagrado
giran despacio, los dados.
Júpiter abre mis sueños grandes,
Venus, me invita a amar sin
miedo,
y Neptuno, disuelve lo que duele,
oculto entre brumas suaves.
Un susurro limpio roza mis
manos,
mi alma, mis anhelos,
acaricia lo que rechazo,
lo que guardo en el silencio,
lo que callo y temo nombrar.
Entre símbolos antiguos ,
estrellas murmuran
me reconozco frágil, firme,
aprendo a morar en mi reflejo,
a no juzgarme,
a dejar que el rito íntimo
me recuerde quien soy,
entera, callada, viva y etérea.






